Según la leyenda, los árabes domesticaban a los murciélagos (“moseguellos“) y los utilizaban para eliminar las plagas de mosquitos de los terrenos pantanosos, la “marjal” y “l’albufera” próximas a la ciudad de Valencia. En la época de Jaume I, y durante el sitio cristiano de la ciudad y capital del reino moro, un profeta arábigo auguró que mientras el rat penat del amo de la ciudad pudiese volar todas las noches, la ciudad se mantendría musulmana.

Las tiendas de las tropas del rey Jaume I estaban acampadas en el rabal de Russafa, fuera de la muralla de la ciudad. Cuenta la leyenda que fue por entonces cuando un murciélago anidó en la parte alta de la tienda del rei como si quisiera coronarla y augurar la victoria de Jaume I, abandonando así a su suerte al ejercito musulmán.

El rey, que se percató de su presencia y conocía la profecía, ordenó a sus tropas que no lo asustaran, y que por el contrario lo complacieran para que estuviera a gusto en el campamento.

Una noche que el ejercito cristiano dormía tranquilo y confiado, uno de sus tambores empezó a redoblar de manera constante, con el lógico sobresalto de las tropas cristianas. Un soldado despertó al rey, alertándolo. Jaume I llamó a sus capitanes para que diesen orden a las guardias de extremar la vigilancia. Entonces se dieron cuenta de que el ejercito musulmán estaba a escasa distancia de su campamento, rodeándolo, por lo que dieron la voz general de alarma. Todo el ejercito cristiano se puso en pie y tomaron las armas entablándose una feroz batalla que produjo infinidad de bajas en el ejercito moro, que se vio obligado a retirarse.

Después de la lucha, el rey quiso premiar a quien los había avisado con golpes de tambor. Grande fue su sorpresa cuando advirtió que el aviso lo había dado el murciélago que, con sus alas, hizo redoblar el tambor. El rey, como premio a su decisiva ayuda, hizo poner el murciélago en la parte más alta de su yelmo y en su escudo real, y en el de la ciudad de Valencia, que finalmente conquistó.

Esta leyenda se fue extendiendo en poemas y canciones, incorporándose a “Les Troves” del siglo XV, especialmente, una de las cuales que nos ha llegado hasta nosotros describiendo el poeta a Pere I, hijo del Rey D. Jaume, los elementos de la leyenda:

«Mes lo Rey Jacme vostre Pare amat
Si ha mudat l’Escut possant per divisa
Barres d’Aragó en pavés cuadrat
Com usen les dones, puix esta Ciutat
Té el nom femeni, e aixi d’esta guisa
Sobre camp de roig e corona d’or
Les ha concedides ab lo Rat-Penat
Que crià en sa tenda son fills sens paor
Mentres durá el siti, com sabeu Senyor.»

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