Joaquín Sorolla i Bastida nació en la ciudad de Valencia el 27 de febrero de 1863 y falleció en Cercedilla, localidad próxima a Madrid, el 10 de agosto de 1923.

De entrada, de el se ha de decir que fue uno de los pintores más prolíficos de su tiempo, con más de 2.200 obras catalogadas, lo que da una idea de su dedicación y de su capacidad de trabajo. Para muchos valencianos es el pintor por excelencia; para a la historia universal de la pintura es un gran impresionista, mejor luminista -captador de la luz-, para muchos es el “sorollista”, difícil de encasillar porque creó un estilo propio y único por el tratamiento del color y de la luz y por la característica pincelada, de forma que solo suele hacerse referencia a un discípulo, Teodoro Andreu.

Sorolla quedó huérfano de padre y madre a la edad de dos años, y el y su hermana Eugenia fueron acogidos por sus tíos (Josep Piqueras e Isabel Bastida) que procurarían por su educación y formación. Su tío, herrero/cerrajero, intentó enseñarle el oficio sin éxito, pues Joaquín pronto empezó a interesarse y destacar en la pintura. Realizó estudios en la Escuela de Artesanos bajo el maestrazgo de Cayetano Capuz y, posteriormente, en la Escuela de Bellas Artes de San Carlos donde coincidiría con José Vilar, José Benlliure e Ignacio Pinazo, con los que consolidaría una fuerte amistad, especialmente con Benlliure y su familia. Será en esta época cuando conocerá al fotógrafo Antonio Garcia Peris, que gozaba de un gran prestigio profesional, que se convertiría en el protector del joven Joaquín, especialmente durante la etapa estudiantil, en ver como este despuntaba. Acabarían emparentando, pues Clotilde, su hija, se convertiría con posterioridad en mujer del pintor.

Participó en diferentes concursos pictóricos, pasando sus primeras obras -en general marinas- inadvertidas para unos jurados imbuidos en el academicismo imperante. En 1882 visitó el Prado donde estudió a los clásicos, y de forma especial a Velázquez, iniciando en ese momento una etapa más realista. Entonces empezó a obtener algunos reconocimientos, como la Medalla de segunda clase en la Exposición Nacional de 1884 con la obra “Dos de maig“. Por esa época la Diputación Provincial de Valencia dotaba de unas becas a los jóvenes estudiantes-artistas que destacaban para ir a Roma y proseguir estudios. Sorolla se hizo merecedor de esta ayuda con “El Crit del Palleter” (1884) lo que le permitió viajar a esta ciudad en 1885, lugar donde conocería de manera directa el arte clásico y el renacentista, y también viajó a París, donde descubriría el impresionismo y las vanguardias europeas. Es un período de indefinición estilística.

En 1888 se casará con Clotilde García, con la que viajará nuevamente a Italia, estableciéndose en la ciudad de Asís hasta 1889, año en que volverían para instalarse definitivamente en Madrid. En un breve período de tiempo Sorolla se convertirá en un reconocido pintor y retratista, lo que le procurará una posición acomodada. Su fama lo convertirá en retratista de notables personajes como Juan Ramón Jiménez, Alfonso XIII, Vicente Blasco Ibáñez, José Ortega y Gasset…

En este período pinta obras de temática social como “Otra Margarita” (1892), “Trata de blancas” (1894), “Todavía dicen que el pez es caro” (1895), “Arreglando la red” (1896), y tantas y tantas obras inspiradas en las distintas labores vinculadas al oficio de la pesca. En “Triste herencia” (1899) consigue el Gran Prix en el certamen de París en 1900. La fama traspasará fronteras y las exposiciones se seguiran en diferentes ciudades europeas, en Francia, Alemania… y Reino Unido. El hispanista Archer Milton Huntington, se enamorará de su pintura y posibilitará que exponga en América. Nueva York, Buffalo, Boston (1909), San Luís y Chicago (1911). A raíz de esta amistad surgida con el magnate norteamericano, fundador de la Hispanic Society of America, este le hará el encargo de “Visión de España“, una obra magna (3,5 m de alto por 70 m de largo) con 14 paneles para decorar la biblioteca de la institución, la cual le costó más de seis años confeccionar (1913-1919), un trabajo del que terminaría extenuado, pues recorrió toda la península para inspirarse en su trabajo.

Se retirará, ya minada su saluda, a su casa de Madrid, dedicándose a la enseñanza en la Escuela de Bellas Artes de esta ciudad. Es época de recibir honores y distinciones, como el título de académico.

Trabajando en el retrato de la señora Pérez de Ayala (1920) sufrió un ataque de hemiplejia que mermaría sus facultades mentales y físicas. Se retiraría a casa de su hija Maria en Cercedilla donde murió el 10 de agosto de 1923-

Fue enterrado en Valencia, su tierra. El funeral fue toda una multitudinaria manifestación popular de duelo que lo acompañó por las principales calles de la ciudad.

Su viuda, Clotilde, hizo donación al Estado de la casa de Madrid, creando una fundación y convirtiéndola en museo. En ella se exponen, aparte de obras del gran maestro, posesiones y objetos personales.

La familia y la amistad fueron dos referentes en la vida de Sorolla. Clotilde, la mujer, y sus hijos Maria, Joaquín y Elena fueron sus amores, inspiradores de innumerables obras. Sus relaciones de amistad con los Benlliure o con Blasco Ibáñez, entre otros, fueron correspondidas con la misma intensidad.

La ciudad de Valencia le dedicó una calle en el centro, cerca de donde vivió de pequeño con sus tíos maternos, y un monumento, que sufrió diversos avatares, incluso de emplazamiento -situado eso si, siempre cerca del mar-, con un busto que lo ha presidido siempre, obra de su amigo Mariano Benlliure.

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