El 10 de julio de 1099 moría Rodrigo Díaz de Vivar en la ciudad de Valencia. Numerosas iniciativas surgieron para celebrar aquella efeméride. Entre ellas, cabe resaltar la de la Asociación Cultural Caminos del Cid que propuso la sugerente actividad de realizar una excursión a caballo entre su localidad natal Vivar (Burgos) y el Reino de Valencia, atravesando paisajes y poblaciones que este personaje histórico y su hueste transitaron en vida, y la de impulsar un proyecto encaminado a dinamizar un itinerario de unos 800 kilómetros, cruzando las actuales provincias de Burgos, Soria, Zaragoza, Teruel, Castellón, Valencia y Alicante.

Concretamente, en la provincia de Castellón se proyectó que la cabalgada recorriera las localidades de Morella, Vilafranca, Benassal, Sant Mateu, Les Coves, Vilanova, Benlloch, Vall d’Alba, Cabanes, Oropesa, Benicàssim, Castellón, Almassora, Vila-real, Burriana, Nules, Onda, Algimia de Almonacid, Jérica, Segorbe, y Almenara; mientras en la provincia de Valencia el itinerario marcado pasaría por Sagunto, El Puig de Santa María y diversas poblaciones de la comarca de l’Horta Nort para llegar a Valencia. Desde el Cap i Casal el camino se dirigiría hacia las tierras del sur de la provincia de Valencia para penetrar en tierras alicantinas.

camino-del-cid2Actualmente existen diversas hipótesis sobre la fecha de composición del poema de Mío Cid. La más verosímil apunta que se redactó en 1207, consecuentemente el año 2007 se conmemora su 800 aniversario, celebración que podría servir para potenciar las rutas cidianas, tanto a nivel peninsular como autonómico.

El epíteto Cid , o título del caballero castellano Rodrigo Díaz de Vivar, personaje político y militar de finales del siglo XI y héroe épico del Cantar que lleva su nombre, es una figura mítica de la historia y la literatura hispánica.

Menéndez Pidal escribió: “Entre esos moros adictos del partido andalusí y entre esos cristianos expatriados nació en las fronteras levantinas el nombre familiar y afectuoso del héroe: Cid ‘señor’, Cidi ‘mi señor’, le llamaban los moros; Mío Cid le llamaban los cristianos con expresión híbrida, medio romance y medio árabe”. Según M. de Epalza la voz Cid como antropónimo procedería de la árabe sîd , ‘león’, y como topónimo del arabismo sayyid , ‘señor’ o ‘gobernador’ de la época almohade.

Las fuentes cronísticas, que relatan la hazaña cidiana y hechos coetáneos, son contradictorias en ocasiones, normalmente apasionadas, poco objetivas en la mayoría de los casos y están en función de la procedencia cristiana o árabe del autor del texto. Dentro de la literatura universal, la épica española es de las más realistas, verosímil y creíble, aunque no deja de tener toques de fantasía que ensalzan o magnifican la figura del héroe. A veces la ficción se mezcla con realidad.

A diferencia de otros héroes épicos, el Cid representa una sólida figura histórica, bastante conocida gracias a los investigadores y a los cidófilos. La historiografía cristiana nos ha proporcionado fuentes redactadas en latín o en lengua romance que han sido complementadas con las excelentes historias escritas en arábigo.

A pesar de algunos problemas de interpretación, la Historia Roderici es casi en su totalidad digna de crédito, aunque está redactada en términos filocidianos . Las historias árabes que relatan los mismos acontecimientos históricos, según versiones de los orientalistas del siglo XIX, Conde y Dozy, juzgan la figura del Cid y las hazañas en términos muy distintos.

El Cid fue un caballero cristiano de su época, que estuvo al servicio del mejor postor, primeramente de Alfonso VI de Castilla y más tarde de Muntaín II de Zaragoza. Desde el punto de vista político, el Cid configuró con sus conquistas un señorío militar cristiano que estaba envuelto por los reinos taifas de la dinastía arábigo-aragonesa de los Banu Hud que reinaban en Zaragoza, Lérida, Tortosa y Dénia.

Su nombre se plasmó en la toponimia valenciana, protocolizándose en diversas poblaciones del antiguo Reino de Valencia. Ejemplo de ello son: en la provincia de Castellón, las localidades de Vilafranca del Cid y Lucena del Cid, y no muy apartada de estos municipios la población de La Iglesuela del Cid en el Maestrazgo turolense; en la de Valencia, la misma capital del Reino ha sido conocida en algún tiempo por este patronímico y así ha quedado reflejado en mapas –plano del padre Tosca del siglo XVIII–, independientemente de haberse alzado una escultura ecuestre conmemorativa, dedicado una gran avenida a esta figura histórica y que la actual plaza Redonda fuera conocida anteriormente por plaza del Cid; en la provincia de Alicante se concretó en la población que lleva el nombre de Monforte del Cid.

José Vicente Gómez Bayarri

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